EL HECHIZO DE LA CASCADA – Cuentos de Verano

Oculta en un bosque de robles, olmos con musgo cubriendo sus troncos y diversas especies de helechos, se esconde la Cascada. Un lugar asombroso, de naturaleza seductora.
A lo largo de siglos, quienes la descubrieron, allí se asentaron. Cerca descansan las ruinas de un castillo, de un monasterio y hasta de un molino. Nos lleva a imaginar historias de señores y princesas, de monjes y parejas que encontraban refugio tras ella.
De intensa fuerza y cristalina, ahora son nutrias, salamandras y pececillos quienes bañan en sus aguas. Azores, halcones y búhos reales sobrevuelan su parte alta.
Somos pocos quienes conocemos dónde está. Caminamos por las grandes piedras que en el río conducen a ella. Al llegar, sentimos su frescor, nos zambullimos en su base y, gozando como críos, traspasamos su torrente. Nos lanzamos a sentirla mientras los rayos de luz que se cuelan entre ramas, la iluminan; también a nosotros.
Su hechizo nos llama y como cientos de años atrás ocurría, acudimos y a él sucumbimos.

EL CATEDRÁTICO – Reflexiones …

Ya en los años de Facultad me llamaba la atención su actitud. De maneras pausadas, no muchas palabras, pero siempre acertadas, dejando paso a silencios que hablaban.
Un hombre sabio era «el catedrático». Con la sabiduría que te dan los libros y más la vida; haber vivido muchas, la propia y ajenas. Volvía prácticamente de todo y con una afable y pícara sonrisa, dejaba hacer.
Estos días, con el sonido de las olas de fondo, me viene su recuerdo. Recupero su sabiduría, su sencillez, el valor de lo que realmente importa. Olvidando todo lo ajeno y centrado en lo propio. Disfrutando de pequeños placeres que se agrandan. De la buena gente, de la gente buena.
Lo demás, poco importa.

EL COCODRILO Y LA GAVIOTA – Cuentos Infantiles

Se abrió un gran huevo junto a un río rodeado de palmeras y salió él. Sus papás ya llevaban semanas esperándolo y lo recibieron con mucha alegría. Querían enseñarle pronto a nadar. Aprendió muy rápido pero aunque su mamá siempre le decía que no se alejara de ellos, un día se perdió. El cocodrilo lloró y lloró y siguió nadando buscándolos. No los encontraba. Preguntaba a otros animales que veía en su camino y estos cuando el pequeño abría la boca se asustaban al ver tantos dientes. «¡No os vayáis! Que quiero ser vuestro amigo y volver con mis papás» decía.
Pero el pobre cocodrilo, solito se quedaba. Había nadado tanto que llegó hasta el mar y una gaviota se le acercó. «¿Te has perdido?» le preguntó.
Él le contó lo que había pasado y la gaviota le tranquilizó: » No te preocupes, yo volaré y desde el cielo intentaré mostrarte el camino. Te ayudaré a regresar a casa».
Nunca más se volvió a alejar pero así es por lo que a veces vemos algún despistado cocodrilo llegar hasta el mar.

ALLÍ DONDE TE QUIERAN – Reflexiones …

Alguien me dijo una vez: “donde no te sientas querida, no te quedes, vete”.
Creo que es de las mejores premisas que podemos seguir.
¿Qué necesidad? Si no es por fuerza mayor… La verdad es que ninguna.
Cuando uno cree que se quiere lo suficiente y señala que le da igual, no es quererse tanto si lo permite.
Parémonos a pensar, ¿por qué aguantar odios, desprecios, rechazos, desplantes, malas caras o formas, o incluso celos y envidias?
No, si no te sientes querido, y querido bien, largo de ahí.
Quédate allí donde te quieran.

OBSERVADORES – Reflexiones…

Nos hemos convertido en una sociedad de observadores. Como si estuviéramos constantemente visualizando una película, que es la vida. Así nos comportamos. Comentamos, criticamos, incluso juzgamos; pero no actuamos. Hemos dejado esos papeles a quiénes les ocurren los hechos, sin hacer absolutamente nada por intervenir, por cambiar su rumbo, por resolver o impedir hasta los sucesos atroces que acontecen delante de nuestras narices. Me vienen en este momento imágenes a la mente de cuchilladas a una mujer delante de su hijo mientras las personas que lo presenciaban se quedaban mirando e incluso grabándolo. Nos parece increíble así contado, pero está ocurriendo constantemente, este y otros muchos ejemplos de diversa índole. Formamos parte de la sociedad del espectáculo. Ya no hablaría de “espiral del silencio” sino de “inanición”, porque estamos debilitados, por falta no de alimentos, sí de valores. Predicamos, llenamos las redes sociales, disfrutamos de enfrentamientos, tratamos nuestras sentencias como verdades absolutas; la razón, la nuestra. Como se suele decir, se nos va la fuerza por la boca. El parecer ha desvinculado al ser. Somos observadores de la realidad que nos lleva a vivir una paralela.
¿Estamos en una época destinada a espiar, vigilar el acontecer o participaremos de nuevo en su desarrollo?

EL FARO DE EVÁGORA – Cuentos de Verano

Mi atracción por estos testigos silenciosos, que son los faros, me condujo a él.
Agosto era el mes perfecto para ir a recorrer algunos de los más bellos, los más espectaculares, pero también aquellos que tuvieran historia o leyendas.
Siempre me había fascinado la grandeza del que se erigió en la Isla de Pharos, en Alejandría; el Coloso de Rodas, con su antorcha de fuego alzada por su brazo derecho, ambos, maravillas del mundo antiguo; la Lágrima del Diablo de Western Heights o, más cercano, nuestra Torre de Hércules.
Sin saber decir muy bien porqué, las Baleares fueron mi destino. Allí encontré uno precioso entre un paisaje que parecía lunar; rodeándolo, una banda en espiral negra que abrazaba su estructura blanca y le daba un aspecto único. Pero fue no lejos de allí donde reposaba este, sobre acantilados, barrancos y calas. Bien conservado aunque ya en desuso, poseía un encanto especial. Lo llamaban “El Faro de Evágora”, por una de las Nereidas, ninfas del Mediterráneo. Siglos atrás, decían, había sido ella la que con su canto y estela salvó la vida a un marinero una noche de gran tormenta. Este, agradecido, lo construyó y habitó esperando volver a verla. Contaron que cada año hasta su muerte, al atardecer del solsticio de verano, delfines se acercaban al faro y al amanecer, corales rojos y blancos eran arrastrados hasta la orilla cercana por la espuma del mar.