EL ADIÓS DEL VERANO – Cuentos de Verano

Te apagas. Es tu modo de despedida, de que todo vuelva a la calma. Y lo haces con una sonrisa, suave y cálida; dejándonos ese agradable sabor de boca para que tu recuerdo permanezca y deseemos que vuelvas.
Delicadamente vas dando paso a nueva estación, nos preparas. Empiezas a enfriarte, a enfriarnos. Que nos asentemos de nuevo, dices, que reposemos y saboreemos otros placeres, los que se palpan lento. Te vas a otras tierras, a calentar otra gente, a encender otros fuegos. Aquí esperaremos gustosos tu regreso.

CUANDO ME HACES TEMBLAR – Cuentos de Verano


Fundo a blanco y tiemblo. Pero tu mano fuerte aprieta la mía y regreso.
Vuelvo a temblar y me abrazas, me rodeas.
Mis ojos cerrados sonríen. También mi boca, mientras por la comisura de uno de ellos escapa una lágrima.
Respiro, intensamente. Y cuando clavas tu nariz en mi espalda, caigo en un sueño delicado y profundo en el que vuelves a estar.

FANTASÍA EN EL PARAÍSO – Cuentos de Verano


Fuiste mi regalo de cumpleaños. De esos especiales, que no se olvidan.
Llegaste en carretera y allí te quedaste para pasar tus días conmigo, en el paraíso.
Bañarnos bajo la luna, bucear con tortugas gigantes y estrellas de mar, saltar cascadas, descubrir aldeas, viajar en moto por caminos de piedra y sonreír.
Atardecer columpiándonos la vida, dormir bajo un cielo de estrellas, andar descalzos por la arena, secarnos al sol y sonreír.
Fantasía de verano que en él te quedaste para darnos nuevas cada año.

EL HECHIZO DE LA CASCADA – Cuentos de Verano

Oculta en un bosque de robles, olmos con musgo cubriendo sus troncos y diversas especies de helechos, se esconde la Cascada. Un lugar asombroso, de naturaleza seductora.
A lo largo de siglos, quienes la descubrieron, allí se asentaron. Cerca descansan las ruinas de un castillo, de un monasterio y hasta de un molino. Nos lleva a imaginar historias de señores y princesas, de monjes y parejas que encontraban refugio tras ella.
De intensa fuerza y cristalina, ahora son nutrias, salamandras y pececillos quienes bañan en sus aguas. Azores, halcones y búhos reales sobrevuelan su parte alta.
Somos pocos quienes conocemos dónde está. Caminamos por las grandes piedras que en el río conducen a ella. Al llegar, sentimos su frescor, nos zambullimos en su base y, gozando como críos, traspasamos su torrente. Nos lanzamos a sentirla mientras los rayos de luz que se cuelan entre ramas, la iluminan; también a nosotros.
Su hechizo nos llama y como cientos de años atrás ocurría, acudimos y a él sucumbimos.

EL FARO DE EVÁGORA – Cuentos de Verano

Mi atracción por estos testigos silenciosos, que son los faros, me condujo a él.
Agosto era el mes perfecto para ir a recorrer algunos de los más bellos, los más espectaculares, pero también aquellos que tuvieran historia o leyendas.
Siempre me había fascinado la grandeza del que se erigió en la Isla de Pharos, en Alejandría; el Coloso de Rodas, con su antorcha de fuego alzada por su brazo derecho, ambos, maravillas del mundo antiguo; la Lágrima del Diablo de Western Heights o, más cercano, nuestra Torre de Hércules.
Sin saber decir muy bien porqué, las Baleares fueron mi destino. Allí encontré uno precioso entre un paisaje que parecía lunar; rodeándolo, una banda en espiral negra que abrazaba su estructura blanca y le daba un aspecto único. Pero fue no lejos de allí donde reposaba este, sobre acantilados, barrancos y calas. Bien conservado aunque ya en desuso, poseía un encanto especial. Lo llamaban “El Faro de Evágora”, por una de las Nereidas, ninfas del Mediterráneo. Siglos atrás, decían, había sido ella la que con su canto y estela salvó la vida a un marinero una noche de gran tormenta. Este, agradecido, lo construyó y habitó esperando volver a verla. Contaron que cada año hasta su muerte, al atardecer del solsticio de verano, delfines se acercaban al faro y al amanecer, corales rojos y blancos eran arrastrados hasta la orilla cercana por la espuma del mar.

PERSEIDAS SOBRE EL MAR – Cuentos de Verano

Hoy dormiremos bajo una lluvia de estrellas,
en medio del mar.
Poseidón calmará las aguas y evocaremos a Perseo
venciendo a Medusa.
No habrá piedras y sí miradas.
Con el casco de Hades nos volveremos invisibles
para contemplar, ahora sí, la belleza;
y Atenea tenderá su escudo en las aguas que reflejen la estela del cometa.
Zeus y Dánae volverán a crearlo.
Dioses y hombres, realidad e ilusión confluyendo en la noche.
El héroe permanecerá en su constelación
y nos parecerá ver la luz de Algol, brillando como 5.000 soles
o a su estrella más brillante Mirfak.
Blancas, azuladas, amarillas y supergigantes rojas,
sangre brotando de la Gorgona de la que nacerá Pegaso.
Millones de años, otras galaxias, meteoros que iluminan
y aquí nosotros, presenciando.

CON AROMA A LIMONCELLO – Cuentos de Verano

Mes de julio, en la villa de la costa Amalfitana.

Sol intenso sobre las azules aguas del Tirreno.

Él se zambulle en la piscina; mientras ella, en la tumbona,  tras sus grandes gafas de sol y un cóctel en la mano, le observa.

Disfruta de los momentos, piensa; que la vida son dos días.

Pero si pueden ser tres, mejor.

LA CIUDAD DE LOS BESOS ROBADOS – Cuentos de Verano

Alguna vez fue ciudad de libres besos.

Por sus calles veías a la gente dándolos.

Labios fundiendo con mejillas, con otros labios.

Los hubo de amor, deseo, cariño, aprecio, saludo, y también llanto.

Algo salía de uno para quedarse en el otro.

Entonces llegó su ausencia, un vacío.

Dejaron de darlos. Querían y no podían.

Besos que se perdían. Empezaron a robarlos.

EL ECLIPSE – Cuentos de Verano

Era el Rey del Día. Su presencia iluminaba campos, mares, provocaba sonrisas, incluso podíamos decir, una sensación de felicidad. Generaba simpatías, resaltaba los azules del cielo, los verdes de los bosques y el colorido de las flores. Todo era luz y calor.

A ella le gustaba la oscuridad, el frío de la noche, la soledad. Esa soledad elegida, que favorece el pensamiento, el sosiego, la calma. No soportaba el ruido, ni el bullicio. Era dada a lo selecto, pero desde la sencillez.

Existencias diametralmente opuestas destinadas a encontrarse.

Condiciones especiales que hicieron coincidir al Sol con la Luna. Fusionaron en un encuentro que no dejaron ver al resto.

Ella absorbía su fuerza y Él se daba, tomando de Ella su paz, y se dejaba llevar.

Fenómenos dispares, imposibles de explicar.

No permitieron a nadie presenciar lo que ocurrió.

Y el Sol volvió a su día.

Ella en la noche quedó.