CON AROMA A LIMONCELLO – Cuentos de Verano

Mes de julio, en la villa de la costa Amalfitana.

Sol intenso sobre las azules aguas del Tirreno.

Él se zambulle en la piscina; mientras ella, en la tumbona,  tras sus grandes gafas de sol y un cóctel en la mano, le observa.

Disfruta de los momentos, piensa; que la vida son dos días.

Pero si pueden ser tres, mejor.

LA CIUDAD DE LOS BESOS ROBADOS – Cuentos de Verano

Alguna vez fue ciudad de libres besos.

Por sus calles veías a la gente dándolos.

Labios fundiendo con mejillas, con otros labios.

Los hubo de amor, deseo, cariño, aprecio, saludo, y también llanto.

Algo salía de uno para quedarse en el otro.

Entonces llegó su ausencia, un vacío.

Dejaron de darlos. Querían y no podían.

Besos que se perdían. Empezaron a robarlos.

EL ECLIPSE – Cuentos de Verano

Era el Rey del Día. Su presencia iluminaba campos, mares, provocaba sonrisas, incluso podíamos decir, una sensación de felicidad. Generaba simpatías, resaltaba los azules del cielo, los verdes de los bosques y el colorido de las flores. Todo era luz y calor.

A ella le gustaba la oscuridad, el frío de la noche, la soledad. Esa soledad elegida, que favorece el pensamiento, el sosiego, la calma. No soportaba el ruido, ni el bullicio. Era dada a lo selecto, pero desde la sencillez.

Existencias diametralmente opuestas destinadas a encontrarse.

Condiciones especiales que hicieron coincidir al Sol con la Luna. Fusionaron en un encuentro que no dejaron ver al resto.

Ella absorbía su fuerza y Él se daba, tomando de Ella su paz, y se dejaba llevar.

Fenómenos dispares, imposibles de explicar.

No permitieron a nadie presenciar lo que ocurrió.

Y el Sol volvió a su día.

Ella en la noche quedó.

LA FUENTE DE LOS ÁNGELES – Cuentos de Verano

Hubo un lugar, escondido entre montes, que decían ser mágico. Se llamaba La Fuente de los Ángeles, porque lo habitaba un pintor que los retrataba en sus cuadros.

No sabemos si de verdad los veía, pero aquellos seres alados comentaba que le visitaban de vez en cuando.

Actores, cantantes y demás artistas solían alojarse allí y daban rienda suelta a su imaginación.

Un manantial regaba los campos y de sus aguas se podía beber para cargarse, dicen, de energía.

Elfos, hadas, duendes e incluso blancos unicornios rondaban por allí; deteniendo un tiempo lleno de historia.

PUEBLECITO MARINERO – Cuentos de Verano

Sigues oliendo a mar, manteniendo el encanto de tus casas,

todas ellas de colores, recuerdo de otras épocas.

Años en que los pescadores volvían en sus barcas

y ellas siempre esperaban.

Recuerdos de redes, de plazas de encuentros

y pausadas faenas,

de pieles quemadas, de velas izadas

y anclas echadas.

Pueblecito marinero, sigues oliendo a mar.