NI PATRIAS, NI BANDERAS

Las unas, las otras, sean grandes o pequeñas, ¿a qué conllevan? Al odio, la exclusión y la violencia.
Quizá porque nací en Castilla y sigo viviendo en ella, por haber pasado mi juventud en ciudad de estudiantes o haber viajado y estado en muchos lugares del mundo; siempre me ha reconfortado sentirme una más allá donde he ido y me gustan y cada día más los sentimientos y sensaciones que suman y no restan, que no me excluyan ni sentirme excluída por ser de un sitio u otro.
Si tendíamos a un mundo global, sin barreras, ni fronteras, con moneda única para facilitar intercambios, lenguaje universal que nos abriera al entendimiento, a la comunicación, ¿qué nos está pasando? ¿Retrocedemos? ¿Involucionamos?
No, no quiero patrias, ni banderas que me separen, que me excluyan, que me pongan barreras, que me limiten, que generen odios y miradas sobre el hombro.
No quiero lenguas que me aparten,  marginen o discriminen.
Amo la tierra, sí, la de este planeta, que bien pudiera ser de otro. Sin fronteras, sin barreras, libre y sana donde poder moverme, conocer, hablar con unos y con otros; donde prime la amabilidad, no la rabia; amistad y no envidia; sabiduría, no ignorancia de la que habla. Dejemos de poner barreras.