MIS CUENTOS INFANTILES

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Gracias a todos por el éxito de la promoción del Día del Libro.  ¡Disfrutad de mis cuentos!



Érase una vez… Esther Bermejo

“En el Jardín de las Hadas” ya disponible aquí, en la Tienda de Cuentos

Ya tenéis disponible mi último cuento infantil, el más especial de todos y que cierra la colección de “Esther Y Sus Cuentos”: “En el Jardín de las Hadas“. Incluye actividades y un bonito póster que podrán colgar en su habitación.

Compra en la tienda este cuento  “En el Jardín de las Hadas”.

 

MI AMIGO EL CISNE

¡Qué bonito era! Tan blanco, tan elegante, pero siempre estaba solo y triste. Cada vez que íbamos al parque, yo lo notaba.
Empecé a llevarle pienso. Quería hacerme amigo suyo para alegrarle un poco y que notara que podía contar conmigo.
Al principio desconfiaba, intentaba acercarse pero no se atrevía, hasta que me miró a los ojos y rápido conectamos.
Todas las tardes, al salir del colegio pedía a mi madre volver a casa por el camino del parque. Aunque solo fuera un ratito, iba con él y le contaba cómo me había ido, qué me pasaba, lo que había hecho… Era un cisne y yo un niño, pero nos entendíamos.
Lo que yo no comprendía era que le tuvieran allí encerrado y encima sin más como él… Él también necesitaba cariño, que le quisieran. Yo lo hacía y en cuanto llegaba, venía rápido, incluso algunos días enroscaba su largo cuello entre el mío y en más de una ocasión sentí un ligero picoteo muy suave en mi mejilla o en mi cabeza, a modo de beso.
Una mañana de un día festivo de primavera, fui a ver a mi amigo, el cisne. Se acercó veloz y tieso, pero sobre todo,  muy contento. No estaba solo. Como si fuera a presentarme a su nueva compañera, la condujo hacia mí.
Dieron vueltas y más vueltas a mi lado hasta que juntos les ví alejarse por ese estanque que en aquel instante me pareció dorado.

LAS CLASES DEL DELFÍN GUMER – Cuento Infantil

Dicen que los delfines son muy inteligentes, pero lo que muchos no saben es que van a clase, en la Escuela del Mar.
Gumer no se perdía ni una y la asignatura que más le gustaba era la de “comportamiento humano”, aunque nunca había visto a ninguno. Su amigo, el cabalito de mar le había prometido acompañarle a verlos y allí fueron, en busca de personas. Tuvieron que nadar bastante, pero vieron un barco. Una familia con dos niños estaba navegando.
Gumer empezó a dar saltitos fuera del mar. Quería verlos y contarles tantas cosas…
Los niños, entusiasmados, pidieron bajar al agua. Se pusieron el chaleco salvavidas y junto a su madre se acercaron a Gumer, que no podía estar más contento. Se dio cuenta de que no hablaban el mismo lenguaje, pero se entendían. Fue un día maravilloso.
Los humanos se tuvieron que ir, y Gumer y el caballito les acompañaron casi hasta el puerto.
Muchas veces vemos delfines dar saltitos en el mar, porque quieren venirnos a saludar.

EL COCODRILO Y LA GAVIOTA – Cuentos Infantiles

Se abrió un gran huevo junto a un río rodeado de palmeras y salió él. Sus papás ya llevaban semanas esperándolo y lo recibieron con mucha alegría. Querían enseñarle pronto a nadar. Aprendió muy rápido pero aunque su mamá siempre le decía que no se alejara de ellos, un día se perdió. El cocodrilo lloró y lloró y siguió nadando buscándolos. No los encontraba. Preguntaba a otros animales que veía en su camino y estos cuando el pequeño abría la boca se asustaban al ver tantos dientes. “¡No os vayáis! Que quiero ser vuestro amigo y volver con mis papás” decía.
Pero el pobre cocodrilo, solito se quedaba. Había nadado tanto que llegó hasta el mar y una gaviota se le acercó. “¿Te has perdido?” le preguntó.
Él le contó lo que había pasado y la gaviota le tranquilizó: ” No te preocupes, yo volaré y desde el cielo intentaré mostrarte el camino. Te ayudaré a regresar a casa”.
Nunca más se volvió a alejar pero así es por lo que a veces vemos algún despistado cocodrilo llegar hasta el mar.

EL JARDÍN DE LAS HADAS – Cuento Infantil

EL JARDÍN DE LAS HADAS

Tuvieron que esconderse, pero no lo hicieron en cualquier lugar. Las hadas se escondieron en un precioso jardín lleno de flores.

Sus alas pasan desapercibidas porque pueden confundirse con las de las mariposas, pero un fino rastro de su polvo dorado las delata y si te fijas bien puedes hasta encontrarlas. Para ello tienes que prestar mucha atención. Les gusta refrescarse con el rocío de la mañana, tomar los primeros rayos de sol, reír a carcajadas y jugar al despiste.  Si quieres verlas, trata de pensar como ellas y lo más importante, si las necesitas, llámalas porque entonces, aparecerán.

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EL KOALA Y EL BOSQUE DE EUCALIPTOS – Cuento Infantil

EL KOALA Y EL BOSQUE DE EUCALIPTOS

En un bonito bosque de eucaliptos vivía este gracioso y juguetón koala. Y digo juguetón porque era lo que le gustaba hacer todo el día. Jugaba con el pájaro carpintero, con los osos, incluso con las ranas de las charcas. Allí los animales eran una gran familia.

Una tarde empezó a oler a humo. Los pájaros se pusieron nerviosos; iban de un lado a otro. Intentaban avisar a todos para que se pusieran a salvo. Un gran incendio estaba acabando con los árboles, con el lugar donde vivían. Unos jóvenes habían prendido fuego y ahora estaban en peligro. El koala tuvo miedo, no sabía qué hacer. Por primera vez estaba muy triste. ¿Dónde viviría ahora? ¿Qué podría comer si destrozaban los eucaliptos?.

La gente de la zona consiguió apagar por fin las llamas, pero ahora había mucho que hacer para que ese lugar fuera tan bonito como antes. Los animales se pusieron de acuerdo y fueron en busca de esos muchachos; querían hacerles ver lo importante que es cuidar la naturaleza.  Nombraron al koala para que se dirigiera a ellos y así, decidido como era él, les dijo: “¿Qué pasaría si de pronto os quedáis si vuestras casas, si vuestras familias corrieran peligro o si dentro de unos años no pudierais disfrutar de los bosques porque no hubiera?”

El pequeño koala se había hecho grande de repente; había dado una lección a esos chicos que al día siguiente se pusieron a plantar muchos pinos y también eucaliptos.

LA PEQUEÑA MARINERA – Cuento Infantil

LA PEQUEÑA MARINERA

Vivía en un pequeño pueblecito marinero con casitas y barcas de colores. Una de ellas, la roja, era de su padre, que todas las mañanas salía muy temprano con ella. Algunas veces, dejaba que la niña le acompañase y eso le encantaba. Aprendió a escuchar el sonido del viento, a observar el mar, incluso a navegar un poquito. Lo tenía claro, de mayor quería ser marinera. Se lo dijo a las olas, a las conchas que encontró en la playa y al capitán de un gran buque. Éste, sonriendo le preguntó: “¿Y por qué, pequeña?”. “Mire, señor”, le respondió “El mar me acunaba cuando solo era un bebé,  ahora me cuida, y cuando crezca me llevará a todos esos lugares que quiero ver”.

LA BELLA ESTRELLA – Cuento Infantil

LA BELLA ESTRELLA

Era la más luminosa de las estrellas del firmamento. Cuando sonreía, parecía que era de día, de la luz que desprendía. En la tierra, una flor muy bonita oyó hablar de ella y le entraron celos y envidia. Quería ser como ella. Intentó dejarla sola, sin amigos. Habló con el búho para que se alejara de ella. También lo hizo con el río, para que no la reflejara y gritó hasta a la Luna para que le diera la espalda. La estrella, que además era muy buena, dijo suavemente a la flor: “¿Por qué haces eso? Si yo no te quito belleza. Tú por el día la ofreces a todos los que te rodean. Deja entonces que yo de la mía a cuantos hay en la noche”. El búho, el río y la Luna escucharon sus palabras. No hicieron caso a la flor y siguieron disfrutando de la verdadera gran belleza, que era la de su estrella.

EL CABALLITO DEL TIOVIVO – Cuento Infantil

EL CABALLITO DEL TIOVIVO

Todas las niñas y niños querían montar en él. En cuanto abrían el paso, se lanzaban a elegirlo. Y no era ni porque fuera el más grande, ni el más bonito; bueno, había algo en él que sí le hacía bonito y especial. Era ese aire a caballo en libertad, aunque fuera de madera. Guardaba un secreto. Cada tarde, cuando habían ya cerrado el tiovivo y no había nadie, se soltaba de la barra a la que estaba unido y comenzaba a galopar. Galopaba sin rumbo, con las crines al viento y relinchaba. Lo hacía tan fuerte que todo el mundo lo oía, pero no sabían de dónde venía. Y siempre volvía. Por la mañana, ahí estaba él, reluciente de nuevo; porque si había algo que le emocionaba era ver las caras de los pequeños al contemplar el carrusel. Sentir sus manitas acariciándole y escuchar la música, mientras él les llevaba por aventuras de fantasía.