EL CABALLITO DEL TIOVIVO – Cuento Infantil

EL CABALLITO DEL TIOVIVO

Todas las niñas y niños querían montar en él. En cuanto abrían el paso, se lanzaban a elegirlo. Y no era ni porque fuera el más grande, ni el más bonito; bueno, había algo en él que sí le hacía bonito y especial. Era ese aire a caballo en libertad, aunque fuera de madera. Guardaba un secreto. Cada tarde, cuando habían ya cerrado el tiovivo y no había nadie, se soltaba de la barra a la que estaba unido y comenzaba a galopar. Galopaba sin rumbo, con las crines al viento y relinchaba. Lo hacía tan fuerte que todo el mundo lo oía, pero no sabían de dónde venía. Y siempre volvía. Por la mañana, ahí estaba él, reluciente de nuevo; porque si había algo que le emocionaba era ver las caras de los pequeños al contemplar el carrusel. Sentir sus manitas acariciándole y escuchar la música, mientras él les llevaba por aventuras de fantasía.

EL HELICÓPTERO AZUL – Cuento Infantil

EL HELICÓPTERO AZUL

El papá de Lucas trabajaba en un helicóptero azul y todos los días llegaba a casa contándole fantásticas historias. Era un niño muy feliz, pero había visto que otros no lo eran tanto y se le ocurrió una idea. Le dijo a su padre: “Papá, ¿por qué un día no subes a los niños que están tristes al helicóptero azul? Si ven el mundo desde allí arriba seguro que vuelven a sonreír”. Una tarde de sol, montaron en ese gran pájaro de hierro. Subían y subían y, a medida que se iban elevando, veían los árboles, las casas y las personas cada vez más pequeñitas, pequeñitas. Hasta que ya no se vio absolutamente nada. Volaban entre las nubes. Los ojos de los niños se iluminaron. Reían, chillaban, incluso se pusieron a cantar. Lucas tenía razón, el mundo desde allá arriba, se veía mejor.

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EL BARQUITO DE PAPEL – Cuento infantil

Lo construyeron de papel, azul como el mar y blanco en sus velas. Y un día, lo echaron al lago. Eso le hacía muy feliz porque siempre le había gustado vivir aventuras y ahora empezaba la suya. Navegó y navegó y vio pececitos de colores que le saludaban a su paso, también las golondrinas desde el cielo le acompañaban cantando y de vez en cuando, se echaba una siestecita a la sombra de los juncos.  Pasaron días y semanas…  Por el día hacía amigos en su viaje y por la noche sonreía a la luna y las estrellas. Hasta que una mañana comenzó a ver muchos barcos. No eran de papel como él, eran grandes y de madera. Se les posaban gaviotas. Estaba muy contento. Él, tan pequeñito y de papel, había llegado al océano.

LIBÉLULAS Y MARIPOSAS -Cuento Infantil

Era verano, cuando Carla paseaba alegremente por un bonito pinar con sus papás. Le encantaba ir con ellos, pero ya se sentía mayor y aunque no se distanciaba,se paraba a contemplar las flores, a coger piedrecitas; incluso a escuchar el canto de los pájaros. Quería mucho a los animales. Fue entonces cuando junto a un riachuelo, Carla vio un montón de margaritas y sobre ellas muchas y muchas mariposas de colores revoloteaban y jugaban entre ellas.Quiso unirse y fue corriendo. Le gustaban las blancas, pero también las azules. Incluso las había rosas, su color favorito. Pero cuando llegó a ellas se dispersaron y la niña miró a sus padres con cara de asombro, ¿por qué se habían ido si ella también quería jugar?. “No te preocupes, Carla” le dijo su papá, “espera un ratito aquí sentada junto a las flores y ya verás cómo vienen de nuevo”. Así fue, pero a la fiesta de las mariposas se habían unido las libélulas. La niña no abandonaba su cara de sorpresa que se iba transformando en emoción. No paraba de sonreír y sonreír. Su mamá quiso que ese instante lo pudiera recordar la niña siempre y lo captó con su cámara. Carla estaba junto al riachuelo, entre flores, mariposas y libélulas en aquel precioso y caluroso día de verano.