LA ISLA DEL SOL – Cuentos de Verano

Era su escondite, su refugio. Cada atardecer se enorgullecía de haber iluminado la isla, haber transmitido su energía, hecho florecer la selva, calentado las aguas y dorado la arena.

Lo hacía cambiando la tonalidad. A días se despedía con rojos y naranjas de fuego. Otros, se apoderaba de él la delicadeza y se decantaba por rosados y malvas. Los había incluso que desprendían blancos.

Pero nunca vi atardeceres más hermosos que los de aquella     isla; su isla.

ESE MAR QUE TODO LO CURA – Reflexiones …

Para muchos el mar, para otros la montaña, en definitiva, la naturaleza. No sé qué poder sanador tendrá o le atribuimos que todos volvemos a ella. A fin de cuentas, somos parte, aunque algunos parezca que se resistieran a aceptarlo. Nos protege, nos cura, pero también nos avisa.

Basta con observarla, con detener un instante nuestra frenética vida y volver, aunque sea por un instante, a integrarnos.

Tan poderosos nos creemos y tan minúsculos somos.

La verdadera riqueza reside en ella. No hay soberbia que se acerque o dinero que compre una maravillosa puesta de sol, una tarde de tormenta o un paisaje nevado. Obsequios que tenemos y no cuidamos.

LA HIJA DEL VIENTO – Cuentos de Verano

Nació libre

Desplegaba movimientos rápidos y fugaces

que fueron dando paso a otros suaves, melodiosos, lentos.

Bailaba con su padre, el viento. Una danza envolvente, hipnótica; a la que le faltaban acordes.

Fue entonces cuando escuchó la música.

Quiso cantar, expresarse también con sonidos, pero no lograba emitirlos.

Experimentó sensaciones, vivencias, emociones.

Quiso Gritar. Y Gritó. Y su voz se transformó en Trueno.

Y miró, y vio; y viajó, y conoció. Y comenzó a transformar en notas las palabras.

Y cantó

NADIE ESPERA EN LA CARRERA – Reflexiones…

Cuando tienes esa sensación de que llegas tarde a todo.

La vida, los hechos, oportunidades, eventos ocurren tan deprisa

que cuando quieres subirte a ellos ya han pasado y te ves a ti,

con cara de panolis dándote cuenta de que te has quedado a verlas venir.

Ya de pequeña, recuerdas ese dibujo que hiciste de la tortuga

y a tu madre diciéndote (no sé muy bien si para animarte):

“no te preocupes hija, tú sin prisa, pero sin pausa”.

Ahora son esos “sin prisa” los que no valen.

Todo sucede a una velocidad vertiginosa y si no lo cazas al vuelo,

te quedaste sin ello.

Los trenes que pasan una vez en la vida, ahora son AVES o Alvias

y si eres, como yo, de efectos retardados, Zás! A verlas venir.

El mundo ya no está encaminado a la Filosofía o al Pensamiento,

lo está hacia la Acción y Decisión.

Quizá debamos entrenarnos a ello: Acción-Reacción. Pero Instantánea Reacción.

Ya sabes: “Ave que vuela, no lo pienses, ¡a la cazuela!”.

 

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LIBÉLULAS Y MARIPOSAS -Cuento Infantil

Era verano, cuando Carla paseaba alegremente por un bonito pinar con sus papás. Le encantaba ir con ellos, pero ya se sentía mayor y aunque no se distanciaba,se paraba a contemplar las flores, a coger piedrecitas; incluso a escuchar el canto de los pájaros. Quería mucho a los animales. Fue entonces cuando junto a un riachuelo, Carla vio un montón de margaritas y sobre ellas muchas y muchas mariposas de colores revoloteaban y jugaban entre ellas.Quiso unirse y fue corriendo. Le gustaban las blancas, pero también las azules. Incluso las había rosas, su color favorito. Pero cuando llegó a ellas se dispersaron y la niña miró a sus padres con cara de asombro, ¿por qué se habían ido si ella también quería jugar?. “No te preocupes, Carla” le dijo su papá, “espera un ratito aquí sentada junto a las flores y ya verás cómo vienen de nuevo”. Así fue, pero a la fiesta de las mariposas se habían unido las libélulas. La niña no abandonaba su cara de sorpresa que se iba transformando en emoción. No paraba de sonreír y sonreír. Su mamá quiso que ese instante lo pudiera recordar la niña siempre y lo captó con su cámara. Carla estaba junto al riachuelo, entre flores, mariposas y libélulas en aquel precioso y caluroso día de verano.

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