EL CABALLITO DEL TIOVIVO – Cuento Infantil

EL CABALLITO DEL TIOVIVO

Todas las niñas y niños querían montar en él. En cuanto abrían el paso, se lanzaban a elegirlo. Y no era ni porque fuera el más grande, ni el más bonito; bueno, había algo en él que sí le hacía bonito y especial. Era ese aire a caballo en libertad, aunque fuera de madera. Guardaba un secreto. Cada tarde, cuando habían ya cerrado el tiovivo y no había nadie, se soltaba de la barra a la que estaba unido y comenzaba a galopar. Galopaba sin rumbo, con las crines al viento y relinchaba. Lo hacía tan fuerte que todo el mundo lo oía, pero no sabían de dónde venía. Y siempre volvía. Por la mañana, ahí estaba él, reluciente de nuevo; porque si había algo que le emocionaba era ver las caras de los pequeños al contemplar el carrusel. Sentir sus manitas acariciándole y escuchar la música, mientras él les llevaba por aventuras de fantasía.

POSTALES ESTIVALES – Cuentos de Verano

POSTALES ESTIVALES – Cuentos de Verano

Te amé, entre campos de lavanda,

entre trigos y amapolas, en arroyos y cascadas.

Respirando aromas de fragancias estivales

y creando recuerdos.

Sorteando pinos, rodando laderas

y absorbiendo suspiros

Bebiendo de tu boca y brindando por ello

 

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EL CAPRICHO DE LA MAR – Cuentos de Verano

No pelees marinero con la mar,

¿no ves que no tienes las de ganar?

La mar te atrapa, te envuelve, siempre te quiere tomar.

Es sabia y sabe a quién quiere entre sus aguas besar.

Escucha al viento, se prudente, vuelve a puerto, déjala.

Espera que se le pase. Que vuelva en calma, aguántala.

Capea y ve a la deriva, que pase el temporal.

Sabes que dentro de poco, ella te volverá a buscar.

EL HELICÓPTERO AZUL – Cuento Infantil

EL HELICÓPTERO AZUL

El papá de Lucas trabajaba en un helicóptero azul y todos los días llegaba a casa contándole fantásticas historias. Era un niño muy feliz, pero había visto que otros no lo eran tanto y se le ocurrió una idea. Le dijo a su padre: “Papá, ¿por qué un día no subes a los niños que están tristes al helicóptero azul? Si ven el mundo desde allí arriba seguro que vuelven a sonreír”. Una tarde de sol, montaron en ese gran pájaro de hierro. Subían y subían y, a medida que se iban elevando, veían los árboles, las casas y las personas cada vez más pequeñitas, pequeñitas. Hasta que ya no se vio absolutamente nada. Volaban entre las nubes. Los ojos de los niños se iluminaron. Reían, chillaban, incluso se pusieron a cantar. Lucas tenía razón, el mundo desde allá arriba, se veía mejor.

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