LA NIEBLA DEL ACANTILADO – Cuentos de Verano

Dicen que ni siquiera había amanecido

cuando corrió hacia aquellos acantilados,

los más profundos y bellos del lugar.

Corrió empapada de lágrimas

y cuando llegó, permaneció en el borde,

mirando el horizonte, vislumbrando el nuevo día.

Fue entonces cuando todas se evaporaron junto al mar

y desde entonces, cada amanecer, se eleva la niebla;

dicen, para ocultar cualquier rostro llorar.

ATARDECERES – Cuentos de Verano

Nos gustaba ver atardecer en aquella playa.

Nadie sabía aún de su existencia.

Como las vírgenes, estaba rodeada de vegetación, con arena dorada por los últimos rayos y conchas sobresaliendo en ella.

Corríamos descalzos a sumergirnos entre las olas y espumas, contemplando esos rojizos e intensos amarillos que iban perdiendo fuerza y que nos regalaban un juego de luces con el mar.

Su energía caía, pero llenaba la nuestra de sensaciones de libertad.

Su tiempo acababa, pero diluía el nuestro, lo detenía,

sabiendo que volveríamos a asistir a nuevas y grandiosas ceremonias, testigos de la historia.

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LA BELLA ESTRELLA – Cuento Infantil

LA BELLA ESTRELLA

Era la más luminosa de las estrellas del firmamento. Cuando sonreía, parecía que era de día, de la luz que desprendía. En la tierra, una flor muy bonita oyó hablar de ella y le entraron celos y envidia. Quería ser como ella. Intentó dejarla sola, sin amigos. Habló con el búho para que se alejara de ella. También lo hizo con el río, para que no la reflejara y gritó hasta a la Luna para que le diera la espalda. La estrella, que además era muy buena, dijo suavemente a la flor: “¿Por qué haces eso? Si yo no te quito belleza. Tú por el día la ofreces a todos los que te rodean. Deja entonces que yo de la mía a cuantos hay en la noche”. El búho, el río y la Luna escucharon sus palabras. No hicieron caso a la flor y siguieron disfrutando de la verdadera gran belleza, que era la de su estrella.

AQUELLAS ROSAS BLANCAS – Cuentos de Verano

Aquellas Rosas Blancas que ella siempre esperaba, y siempre llegaban.

Dulces y tiernos aromas evocando momentos, los nuestros;

pasados y futuros, repletos de deseos.

Aquellas Rosas Blancas con olor a verano, a eternas nostalgias;

a leves sonrisas de labios y también de miradas.

Aquellas Rosas Blancas, cómplices de lenguajes

que no necesitan palabras.

EL MARINERO Y LA SIRENA – Cuentos de Verano

Oyó su canto, a lo lejos

Apenas podía percibirlo y cambió el rumbo de su barca, se dirigió al encuentro.

El sonido iba intensificándose. Más fuerte, pero más dulce

Esa voz. Su voz. Le recordaba la adolescencia.

Ya la había escuchado antes.

Se acercaba. Notaba su presencia

De repente, solo quedó el arrullo del mar, la mar.

LOS VERANOS DE MI INFANCIA – Cuentos de Verano

Aquellos veranos de sabor a El Gorriaga y olor a margaritas,

de paseos en bicicleta y llamadas a la puerta.

De grandes meriendas familiares en el valle

y también de carreras por la era

De montañas de trigo, de remolques

y collares de galletas

De salir a por moras y ganar a las chapas.

De subirnos al carro; de montar teatrillos

y de inventar mil historias

Veranos de pueblos, Veranos de infancias