LA PEQUEÑA MARINERA – Cuento Infantil

LA PEQUEÑA MARINERA

Vivía en un pequeño pueblecito marinero con casitas y barcas de colores. Una de ellas, la roja, era de su padre, que todas las mañanas salía muy temprano con ella. Algunas veces, dejaba que la niña le acompañase y eso le encantaba. Aprendió a escuchar el sonido del viento, a observar el mar, incluso a navegar un poquito. Lo tenía claro, de mayor quería ser marinera. Se lo dijo a las olas, a las conchas que encontró en la playa y al capitán de un gran buque. Éste, sonriendo le preguntó: “¿Y por qué, pequeña?”. “Mire, señor”, le respondió “El mar me acunaba cuando solo era un bebé,  ahora me cuida, y cuando crezca me llevará a todos esos lugares que quiero ver”.

LA BELLA ESTRELLA – Cuento Infantil

LA BELLA ESTRELLA

Era la más luminosa de las estrellas del firmamento. Cuando sonreía, parecía que era de día, de la luz que desprendía. En la tierra, una flor muy bonita oyó hablar de ella y le entraron celos y envidia. Quería ser como ella. Intentó dejarla sola, sin amigos. Habló con el búho para que se alejara de ella. También lo hizo con el río, para que no la reflejara y gritó hasta a la Luna para que le diera la espalda. La estrella, que además era muy buena, dijo suavemente a la flor: “¿Por qué haces eso? Si yo no te quito belleza. Tú por el día la ofreces a todos los que te rodean. Deja entonces que yo de la mía a cuantos hay en la noche”. El búho, el río y la Luna escucharon sus palabras. No hicieron caso a la flor y siguieron disfrutando de la verdadera gran belleza, que era la de su estrella.

EL CABALLITO DEL TIOVIVO – Cuento Infantil

EL CABALLITO DEL TIOVIVO

Todas las niñas y niños querían montar en él. En cuanto abrían el paso, se lanzaban a elegirlo. Y no era ni porque fuera el más grande, ni el más bonito; bueno, había algo en él que sí le hacía bonito y especial. Era ese aire a caballo en libertad, aunque fuera de madera. Guardaba un secreto. Cada tarde, cuando habían ya cerrado el tiovivo y no había nadie, se soltaba de la barra a la que estaba unido y comenzaba a galopar. Galopaba sin rumbo, con las crines al viento y relinchaba. Lo hacía tan fuerte que todo el mundo lo oía, pero no sabían de dónde venía. Y siempre volvía. Por la mañana, ahí estaba él, reluciente de nuevo; porque si había algo que le emocionaba era ver las caras de los pequeños al contemplar el carrusel. Sentir sus manitas acariciándole y escuchar la música, mientras él les llevaba por aventuras de fantasía.

EL HELICÓPTERO AZUL – Cuento Infantil

EL HELICÓPTERO AZUL

El papá de Lucas trabajaba en un helicóptero azul y todos los días llegaba a casa contándole fantásticas historias. Era un niño muy feliz, pero había visto que otros no lo eran tanto y se le ocurrió una idea. Le dijo a su padre: “Papá, ¿por qué un día no subes a los niños que están tristes al helicóptero azul? Si ven el mundo desde allí arriba seguro que vuelven a sonreír”. Una tarde de sol, montaron en ese gran pájaro de hierro. Subían y subían y, a medida que se iban elevando, veían los árboles, las casas y las personas cada vez más pequeñitas, pequeñitas. Hasta que ya no se vio absolutamente nada. Volaban entre las nubes. Los ojos de los niños se iluminaron. Reían, chillaban, incluso se pusieron a cantar. Lucas tenía razón, el mundo desde allá arriba, se veía mejor.

La tienda está cerrada por mantenimiento

Visita mi Tienda de Cuentos Infantiles

LIBÉLULAS Y MARIPOSAS -Cuento Infantil

Era verano, cuando Carla paseaba alegremente por un bonito pinar con sus papás. Le encantaba ir con ellos, pero ya se sentía mayor y aunque no se distanciaba,se paraba a contemplar las flores, a coger piedrecitas; incluso a escuchar el canto de los pájaros. Quería mucho a los animales. Fue entonces cuando junto a un riachuelo, Carla vio un montón de margaritas y sobre ellas muchas y muchas mariposas de colores revoloteaban y jugaban entre ellas.Quiso unirse y fue corriendo. Le gustaban las blancas, pero también las azules. Incluso las había rosas, su color favorito. Pero cuando llegó a ellas se dispersaron y la niña miró a sus padres con cara de asombro, ¿por qué se habían ido si ella también quería jugar?. “No te preocupes, Carla” le dijo su papá, “espera un ratito aquí sentada junto a las flores y ya verás cómo vienen de nuevo”. Así fue, pero a la fiesta de las mariposas se habían unido las libélulas. La niña no abandonaba su cara de sorpresa que se iba transformando en emoción. No paraba de sonreír y sonreír. Su mamá quiso que ese instante lo pudiera recordar la niña siempre y lo captó con su cámara. Carla estaba junto al riachuelo, entre flores, mariposas y libélulas en aquel precioso y caluroso día de verano.

La tienda está cerrada por mantenimiento