ESTADO DE HIBERNACIÓN

No ha llegado aún el invierno, pero ya hibernas. Aletargado, preso de una apatía tal que te impide reaccionar. Disminuye tu ritmo cardíaco, tu respiración, pero el tiempo no detiene; pasan las horas, también semanas. Entras en ese sueño de ojos abiertos que miran sin ver. La desgana, abulia e indiferencia te paralizan y entras en estado de quiescencia.
¡Despierta!

LA JOVEN Y EL CUERVO

Oían su graznido y sabían que se acercaban. Iban siempre juntos.
Él la eligió. Se posó en su hombro y no se volvió a separar.
La joven descubrió en sus intensos ojos negros una mirada desafiante, inteligente, que la prevenía de hechos, le anunciaba otros, le indicaba en quién sí y no confiar.
A veces, en la noche, despertaba al escuchar su nombre, pero solo estaba él, el cuervo, vigilando su sueño.
Enviado o no por un nuevo Odín, abría sus grandes y relucientes alas, levantaba el vuelo y desaparecía, para luego volver.

OTOÑO TRAS EL CRISTAL

Calentita, aún en la cama, observo por la ventana cómo lucen estos soleados y fríos días.
Árboles que bailan al ritmo del viento. Viento que exaspera y transforma en vendaval; que desprende hojas, arranca ramas, genera gigantes olas, grito enfurecido del mar.
Vendaval que arrasa, destruye, despeina, revuelca, alborota y luego amaina.
Y yo lo observo, aquí calentita, desde la cama.

LO VIVIDO

El Otoño es para los nostálgicos,
para aquellos que saborean lo vivido.
Ese Otoño sereno, de soledad compartida; que empieza a sonar a jazz, su banda sonora. Que disfruta de la bohemia, de una lectura y de un chocolate caliente. Que se acurruca bajo una manta al calor de un buen fuego de chimenea.
Otoño, que recuerda amores sentidos; que viste rojizos, marrones y ocres, pero conserva algún verde. Que observa caer la lluvia tras el cristal y degusta sabias o bellas historias.
Pongámonos calcetines para escuchar sus cuentos, vislumbrando miradas de aquel ayer.