EL CAPRICHO DE LA MAR – Cuentos de Verano

No pelees marinero con la mar,

¿no ves que no tienes las de ganar?

La mar te atrapa, te envuelve, siempre te quiere tomar.

Es sabia y sabe a quién quiere entre sus aguas besar.

Escucha al viento, se prudente, vuelve a puerto, déjala.

Espera que se le pase. Que vuelva en calma, aguántala.

Capea y ve a la deriva, que pase el temporal.

Sabes que dentro de poco, ella te volverá a buscar.

LA ISLA DEL SOL – Cuentos de Verano

Era su escondite, su refugio. Cada atardecer se enorgullecía de haber iluminado la isla, haber transmitido su energía, hecho florecer la selva, calentado las aguas y dorado la arena.

Lo hacía cambiando la tonalidad. A días se despedía con rojos y naranjas de fuego. Otros, se apoderaba de él la delicadeza y se decantaba por rosados y malvas. Los había incluso que desprendían blancos.

Pero nunca vi atardeceres más hermosos que los de aquella     isla; su isla.

LA HIJA DEL VIENTO – Cuentos de Verano

Nació libre

Desplegaba movimientos rápidos y fugaces

que fueron dando paso a otros suaves, melodiosos, lentos.

Bailaba con su padre, el viento. Una danza envolvente, hipnótica; a la que le faltaban acordes.

Fue entonces cuando escuchó la música.

Quiso cantar, expresarse también con sonidos, pero no lograba emitirlos.

Experimentó sensaciones, vivencias, emociones.

Quiso Gritar. Y Gritó. Y su voz se transformó en Trueno.

Y miró, y vio; y viajó, y conoció. Y comenzó a transformar en notas las palabras.

Y cantó