No pelees marinero con la mar,
¿no ves que no tienes las de ganar?
La mar te atrapa, te envuelve, siempre te quiere tomar.
Es sabia y sabe a quién quiere entre sus aguas besar.
Escucha al viento, se prudente, vuelve a puerto, déjala.
Espera que se le pase. Que vuelva en calma, aguántala.
Capea y ve a la deriva, que pase el temporal.
Sabes que dentro de poco, ella te volverá a buscar.

Era su escondite, su refugio. Cada atardecer se enorgullecía de haber iluminado la isla, haber transmitido su energía, hecho florecer la selva, calentado las aguas y dorado la arena.