Como un niño que se acurruca sobre su madre para encontrar pronto el sueño plácido.
Así hiciste y así te observo.
Apoyas tu cabeza sobre mi pecho y el ritmo de mis latidos te mecen.
Escucho tu respiración cada vez más lenta y más fuerte. Sé que duermes.
Te acaricio y pronto dejo caer mi rostro sobre tu frente, notando el calor de tus mejillas.
Tus brazos me rodean y mis piernas te enroscan.
Cuerpos que se acoplan, encajan y acompasan compartiendo ensoñación.
Categoría: CUENTOS DE OTOÑO
SIEMPRE
«¿Me quieres todavía?» preguntó con miedo
«Siempre» respondió él
Y al oírlo sintió su Amor dentro de ella.
Volvieron a iluminarse sus ojos y le amó. Le amó de nuevo, aunque nunca dejó de hacerlo.
Y voló. Voló recordando sus días, sus sonrisas, sus miradas y sus manos que tan fuerte la sostenían. Y la sostienen.
Cerró los ojos. Volvió a sentir sus abrazos y sus besos. Podía oír su voz y revivir ese «siempre» que había sellado en su pecho.
EL CEMENTERIO DEL ÁNGEL
Entre fríos mármoles y blancos granitos se erigía aquel pétreo Ángel Exterminador, presidiendo este escondido y peculiar cementerio. Por sus paseos de tierra y cipreses caminaba absorto esquivando lápidas de escritores, cantantes, «donnadies» y «dontodos» que esperaban resucitar o únicamente descansar.
La naturaleza había conquistado sus ruinosos muros y ahora, entre ellos, secretos, historias y batallas ya solo silenciaban.
LA ÚLTIMA NOCHE
En medio del escenario sujetó fuerte ese micrófono años 50 que tantas noches la acompañó. La iluminaba una luz ténue y un único foco central. No hacía falta más. Esa noche irradiaba la suya. Sonreía como nunca; dulcemente, acompasada del resplandeciente brillo de sus ojos.
La voz, desgarradora y tierna fue entonando miserias, notas clavando puñales, desventuras y congojas transformadas en melodías.
Sin modificar el suave rostro, solo una lágrima deslizó por él hasta alcanzar su pecho. Rompió el corazón de cristal.
FUEGO Y AGUA
Baño de espuma a la luz de las velas que relajas el cuerpo y apaciguas el alma.
Fuego y agua me acompañan.
Me sumerjo y resurjo; y me dejó envolver en un plácido sueño entre sombras que danzan y aromas que embriagan.
Silencio.
LA VÍA DEL OLVIDO
En silencio evoca las historias que recorrían su vía, por la que iban y venían. Viajeros emprendiendo andanzas, amores que despiden, otros que se reencuentran, estudiantes de vuelta a casa. Nada de eso queda. Solo recuerdos.
Olvidada, oxidada, derruida, fundida en otoñal paisaje, escondida entre caminos perdidos, permanece abandonada.
Fotos de vida y trasiego convertidas en nostalgias.
